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¿Y qué es la vida, sino relación?

 

No se puede amar a nadie si la propia persona es incapaz de reflejar ni sentir amor por lo más pequeño y por lo más grande de todo este mundo. 

Muchas personas ignoran la vinculación que existe entre sus relaciones con el entorno y su propia salud física y mental.

El hombre debe aprender a vivir sabiendo que pertenece a un mundo de una manera absoluta y comprometida. Ninguna persona es un ente aislado, ninguna persona es un ser inútil, sin valor, así como tampoco lo es cualquier ser que tenga vida. No somos átomos sueltos, independientes de todo lo que nos rodea. Saber participar del entorno y el contexto es algo esencial para cada uno, sobre todo teniendo en cuenta que en muchas ocasiones se pierde o se desconoce el sentido de la propia vida, y emerge esa ausencia de enraizamiento, de pertenencia, especialmente a algo más grande que nosotros mismos.

Parece que el hombre ha decidido escoger la común inconsciencia para interactuar con la naturaleza y el mundo en el que vive. ¿Inconsciencia o consciencia?,  me resulta difícil comprender que el hombre no actúa en consecuencia cuando destruye todo lo que le rodea y le permite vivir. ¿Realmente actúa por falta de conocimiento, por falta de inteligencia? ¿O se trata más de una “placentera” sensación de poder?, de saberse con la capacidad de crear y destruir a su antojo, de tener en sus manos la potestad absoluta, de situarse en el podium de la fuerza, de su señorío.

Y esto en todos y a todos los niveles, porque cada uno podría pensar que quien contamina y destruye son los demás, son las empresas que vierten sustancias tóxicas en los ríos, son las fabricas contaminantes, son aquellas que terminan y agotan todos los recursos naturales y un larguísimo etc. Al fin y al cabo esta es otra forma de limpiarnos la conciencia, otra forma de ceguera, porque cada persona con sus pequeñas acciones de indiferencia ante toda la vida que le rodea, acaba viviendo de una manera no acorde a su esencia. Y aquí si que puede haber inconsciencia, porque en términos generales, cada uno vive sumergido en sus propias circunstancias, emociones, y en todo aquello que la sociedad marca como válido. Muchas personas viven en su propio egocentrismo, “¿Qué más da lo demás?, mientras yo esté a gusto…”  y tarde o temprano comienza lo patológico, el dolor existencial, las depresiones, ansiedades…

No se ve más allá, hasta que no se da la percepción, la relación con todo el entorno desde una perspectiva de pertenencia. Porque al fin y al cabo, respetar al prójimo es respetarse a sí mismo, respetar toda forma de vida, es actuar acorde a lo que somos. Y de nuestras relaciones con ese entorno, obtendremos unas cosas u otras, tanto a nivel colectivo como individual, y será muy complicado alcanzar el bienestar sino existe esa armonía personal con todo lo que representa la vida.

De nada le sirve al hombre construir templos sagrados si ni siquiera considera sagrado el entorno en el que vive, ni la vida que le acompaña. Y no se puede amar a nadie si la propia persona es incapaz de reflejar ni sentir amor por lo más pequeño y por lo más grande de todo este mundo.

Después se publican estudios que afirman que el contacto con la naturaleza y con todo el entorno mejora en gran medida la salud física y mental de las personas. Afirman que ese contacto contribuye al aumento de atención, de concentración, inhibe los niveles de ira y agresividad, relaja… Se recomienda el contacto con animales por ser beneficioso para superar tristezas y trastornos… Como si la naturaleza y todo ser viviente fuese algo externo a lo que hay que acudir cuando uno no se encuentra bien, similar a la toma de un medicamento que calma diversos dolores.

Es evidente que existe una separación entre las personas y el entorno del que forman parte, porque quienes si son conscientes de esta unión, saben que la naturaleza no es algo alejado ni estéril, sino vida. ¿Y qué es la vida, sino relación?

A.alvarez licencia OK