Todos hemos viajado de madrugada. El avión de las 7:00. El tren de las 6:00. Trabajo. La vuelta a casa. Un viaje de último minuto. El viaje más económico para ver a un ser querido.

soledad psicología

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Hace poco hablaba con una persona acerca de las sensaciones que emergen en estos viajes al amanecer. Hablábamos de la extrañeza de las horas, de los rostros atentos y cansados a la vez, de los sentidos adormilados, la mente desperezándose a horcajadas para no perder el vuelo, el tren. Sobre todo hablamos de esa sensación impersonal de los aeropuertos a estas horas, de las carreteras vacías que transitas tú solo en un taxi.

Parece que al levantarnos antes de tiempo, antes del que día haya arrancado, de que el sol luzca en lo alto del cielo, si nos despertamos, lo hacemos a través de nuestra soledad, la cual se queda pegada en nuestros labios un poco secos, en el estómago cerrado que se revuelve, en el que cuerpo destemplado que avanza y reacciona con torpeza.

Hablamos de esta soledad, que no está ni bien ni mal, normalmente pasa desapercibida y sin embargo es tan familiar. Se repite, es automática y extrañamente bienvenida ya que nos acompaña en una hora tan deshabitada. De costumbre no la oímos ni sentimos ya que se duerme cuando nosotros nos despertamos a nuestra hora natural y nos lanzamos a una estimulación externa ( el ipad y las noticias, preparar el desayuno, whatsapp, llámada de teléfono urgente, la televisión) tan grande que no nos prestamos atención. A las 5 de la mañana no hay tantos whatsapps, ni encendemos la tele, ni nos acordamos del código para desbloquear el ipad, así que nos topamos de frente con nosotros y nuestra soledad.

Es una soledad desnuda, fría, algo malhumorada y mareada. Una soledad que va entrando en calor a medida que el día avanza o simplemente se vuelve a esconder.

Lo curioso es que a estas horas tan poco agradecidas, esta soledad parece ser compartida por otros. Otros que también viajan solos, que están solos, cuyo momento es como el tuyo: un viaje mano a mano con su propia soledad hacía otra ciudad, país o destino. Es un momento pesado, raro. Todos viajando los unos cerca de los otros por diferentes motivos, al mismo tiempo, a la misma hora, compartiendo el lugar de tránsito. Igual que sus mentes transitando como la tuya, del estado de sueño al estado de vigilia. Todos igualmente solos, tan diferentes en sus maneras de ser.

Unos se toman un café esperando en la puerta de embarque, otros repasan un informe. Otros mantienen los ojos cerrados. Otros como yo y mi interlocutora observan a los demás imaginándose sus vidas, descubriéndome en esta soledad compartida con todos ellos. Me siento emocionada con todo esto. Al darme cuenta de que toda esa gente viaja a mi lado y juntos atravesamos esa soledad de primera hora para seguir viviendo. Siendo diferentes y viviendo de la misma manera sin saberlo.

 

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