En el mundo hay ruido. El ruido distrae, desconcentra, desenfoca lo que realmente es importante. Por eso en muchos hogares a la hora de la cena se prende el televisor, para escapar del silencio que sentencia que hay un conflicto. Para ensuciar la comunicación entre personas. El ruido distrae, nos ponemos música al caminar por la calle e ir de un sitio a otro, por que resulta aterrador un paseo con uno mismo en silencio, sosteniendo nuestra propia presencia. Esas personas que son incapaces de estar en su casa sin la televisión, la radio o la música encendida. ¡Qué miedo da el silencio! El ruido distorsiona el contacto entre personas, lo zarandea de tal forma que no llegue directo, lleno de mal-interpretaciones.

www.thinkrapture.com

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Quizá por esta razón hay una ola de éxito para las practicas meditativas que recomiendan el silencio.

Nuestro cuerpo es nuestro mundo. Nuestro mundo más íntimo, se trata de un sistema enormemente complejo, del que formamos parte, en el que nos sentimos habitantes. Efectivamente es así, habitamos nuestro cuerpo, vivimos en él y desde él hacia fuera. Nos permite relacionarnos con el exterior y darnos identidad en el interior. En este mundo corpóreo que todos poseemos, hay otra gran cantidad de ruido.

El ruido en nuestro cuerpo son los síntomas y como sabemos los que trabajamos diariamente con nuestro cuerpo, los síntomas hablan y nos avisan de lo que está sucediendo bajo la sintomatología. Estas señales del cuerpo son cascabeles que llaman nuestra atención y hacen ruido para que tomemos cartas en el asunto subyacente de la bombilla de alerta.

Belovodchenko Anton

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Claramente la función del ruido varía enormemente si es dentro o fuera. Fuera, el ruido, separa, aleja, ensucia. Dentro, alerta.

Así como en el mundo exterior el ruido aturulla, en nuestro cuerpo el ruido avisa.

No vendría mal apagar el televisor y el mp3 para escuchar mejor las señales de alerta de nuestro cuerpo.

Apagar el ruido externo y atender en silencio al ruido interno, que nos avisa de una contractura en la espalda, un dolor de cabeza, un cansancio crónico y sonidos menos graves como: sed, hambre, sueño.

Por experiencia propia sé que este ruido corporal nos conduce más allá que la saciedad de nuestras necesidades y el autocuidado. Para explicarlo mejor os contaré una vivencia reciente. En una sesión, como paciente del método Feldenkrais (terapia corporal que facilita y promueve la exploración de diferentes caminos en el movimiento para salir de nuestros patrones corporales) estuve toda la sesión trabajando con movimientos sutiles y grandes con mis brazos y mi cuello, que me molestaba y sentía agarrotado. Cada vez tenía una mayor sensación de movimiento interno, del esqueleto como soporte, de mi pecho abriéndose, respirando mejor, relajándome más. Al finalizar la sesión al volver a sentarme sobre la camilla, me invadió una sensación profunda de cansancio que viajaba a través de mis músculos. Misteriosamente no era desagradable, sentía que desde mi esternón emanaba hacía mis extremidades un cansancio profundo y muy antiguo, que finalmente se podía expresar, liberar y dejar fluir una vez había atendido al ruido sintomatológico en mi cuello y en mis hombros. Era como si el ruido me hubiese indicado un camino para llegar hasta aquel cansancio aguardando para contar una historia pasada sobre mi vida.

Yo recomiendo altamente practicar el silencio externo en soledad o en compañía. Para observar y atender al ruido corporal, porque cuando escuchamos nuestros síntomas, podemos cuidar nuestras necesidades y el ruido cesa para dar pie a lo que sucede en nosotros a un nivel más profundo. Nuestras sensaciones corporales se limpian de ruido, de síntomas y dan lugar a sensaciones más nítidas, claras. Algunas son nuevas y refrescantes y otras son pasadas y antiguas y necesitan ser resueltas. A veces son desagradables y otras veces muy agradables. En cualquiera de los casos, el beneficio de atender nuestro ruido es llegar a lo que realmente nos sucede.

Cuando llegamos a ese lugar en nosotros mismos, descubrimos algo nuevo o recordamos algo antiguo, y en ambos casos aprendemos más sobre quienes somos y que es lo que realmente queremos.

Apaguemos el ruido de fuera

Escuchemos el ruido de dentro

Sigamos sus señales

Tengamos el valor de afrontar lo que realmente

Nos sucede.

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