Imagen: "reina de buenos aires" de Patricia Cruzat Rojas

Imagen: “reina de buenos aires” de Patricia Cruzat Rojas

Me atrevo a decir, a pesar de mi corta experiencia vital, no por ello menos valiosa, que el ser humano es cada una de sus partes o dimensiones: conductual, cognitiva, corporal, emocional y espiritual, y además es algo más que todas ellas juntas.

El ser humano es capaz de desarrollar un sentido de “sí mismo” cargado de información y energía de todas sus dimensiones. Hoy en día se valora la capacidad cognitiva del ser humano casi en exclusiva, la inteligencia, la capacidad de razonamiento abstracto, que se ajusta a nuestro método científico y proporciona información empírica. Por otro lado se trabaja mucho con la conducta del ser humano, siendo lo visible, medible y cuantificable.

 Entiendo que dada la sociedad en la que vivimos, busquemos que nos tomen en serio a los psicólogos. Sin embargo no creo que realmente nos puedan tomar en serio, cuando la gran mayoría de nosotros sabe y siente que no basta con medir conductas y pensamientos.

Creo que en el fondo sino nos tomamos en serio al ser humano, darán igual nuestros cuestionarios y nuestras técnicas de desensibilización sistemática. Considero que precisamente lo que se necesita es una SENSIBILIZACIÓN SISTEMÁTICA tomando en cuenta al ser humano observando  atentamente el resto de sus dimensiones, sin eludir o intentar cuantificar la emoción.

La emoción es la sensación, el lugar, el momento en el que se produce una conexión con uno mismo. A través de la emoción conectamos con quienes somos. Cuando reprimimos la emoción o hacemos lo opuesto vomitándola hacia fuera, la dosis de aprendizaje no es integrada.  De esta manera, pasamos por alto la conexión con nuestro interior, tan lleno de energía y sabiduría.

 Nuestra emoción no alberga afuera, en lo externo. Es cierto que somos seres empáticos y podemos conectar con la emoción del otro. Pero en realidad conectamos con nuestra emoción interna, que se despierta al ver  su propio reflejo en la persona de al lado. Por lo tanto, como iba diciendo, la emoción es algo que nace dentro de nosotros, nace en nuestro cuerpo, emerge de nuestro estómago, de nuestro pecho o cualquier otra zona corporal, puesto que cada persona es diferente. La cuestión es que muchas veces para sentir algo, una opción es prestar atención a nuestro cuerpo, agudizar nuestra conciencia corporal, para encontrar las pistas, las huellas que nuestra emoción deja para que lleguemos hasta ella.

Hago hincapié en agudizar la atención, en “mirar dentro” sin hacer una búsqueda activa. Para llegar a nuestra emoción, lo más contraproducente que podemos hacer es obligarnos y exigirnos buscar y TENER que encontrar una emoción que sentir.

No es cuestión de buscar dentro de ti la emoción, es cuestión de recuperar tu sensación interna, de habitar tu cuerpo.

Una vez que exploras tus sensaciones y recuperas tu escucha corporal, no es necesario auto exigirte el encuentro con tu emoción. A través de esta auto observación las huellas van apareciendo en ti y tú vas siguiéndolas hasta llegar a ella.

¿Qué sucede entonces? Sucede que SIENTES, y puede que decidas entonces sobre controlar tu emoción y por lo tanto la reprimas. O cómo decía al comienzo de esta reflexión, evites el contacto contigo mismo. También puede que la emoción sea demasiado intensa (suponiendo que en el momento presente, no haya un estímulo tan grande cómo para suscitar una reacción emocional excesiva) y como resultado, no se exprese la emoción: se vomita, te liberas de ella pero habiéndote hecho daño, por ser una reacción desproporcionada.

Cuando EXPRESAMOS una emoción, nuestra conciencia está puesta en dicha emoción y la liberamos con un propósito de tal manera que sea congruente con el estímulo “presente” que le ha despertado.

Vivimos en un mundo que favorece la represión y que provoca el vómito emocional porque poca gente se ha detenido a mirar de cerca su emoción o la emoción del otro sin otra intención que la de aprender y entender.

Mucha gente ha estudiado la emoción para intentar controlarla, consiguiendo reprimirla. Otra gente ha estudiado y ha buscado excitarla para conseguir una reacción para algún propósito, de tal forma que las personas en cuestión vomitan estás emociones haciéndose daño a si mismos y dañando a los demás y a su entorno o estigmatizando ciertas emociones como la rabia, cómo negativas.

Las emociones no son negativas ni positivas. Son sensaciones con un periodo de duración  que ocupan un lugar (el cuerpo) con el objetivo de decirnos algo sobre nosotros mismos, siendo por lo tanto el océano en el que hay sumergirse para llegar a uno mismo.

Centrarnos en nuestro cuerpo es esencial para descubrir dónde reside cada una de nuestras emociones, según el momento y la circunstancia.

Poder darle  forma y cuerpo a nuestra emoción, es el principio para conocer la verdadera EXPRESIÓN emocional de la que gozamos, somos capaces  y nos merecemos cada ser humano.

En conclusión la dimensión emocional aunque pueda resultar difusa e intangible para muchos, es más accesible y fácil de identificar y comprender cuando integramos el cuerpo en el proceso de expresión emocional, de tal forma que luego sea posible asimilar el significado de dicha expresión a nivel cognitivo y por lo tanto tenga un eco en nuestro comportamiento también.

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