Muchísimos niños y adolescentes han sufrido abusos sexuales y han vivido una constante invasión por parte de su entorno, el cual no ha proporcionado herramientas para aprender a decir que “NO”. Además de distorsionar su autoimagen y dañar brutalmente su autoestima, esto genera un “no-aprendizaje” sobre los límites.

El sentimiento de invasión que provoca un abuso sexual, físico y psicológico afecta directamente a la forma de relacionarse con los demás. Como adultos, al no tener recursos propios para poner límites, se relacionarán perpetuando la invasión y generando sentimientos de vergüenza y desvalorización.

Esta carta la relata una “Victima de abuso sexual en la infancia e invasión de su entorno”. Va dirigida a su nueva pareja.

Querida nueva pareja:

Ayer me besaste intensamente, sujetándome del cuello y no me gustó, me dio miedo, me sentí asustada y al llegar a casa me escondí debajo de mis sabanas.

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Hace poco que nos conocemos, unos meses y por eso ahora que te voy conociendo un poco más tengo algo que contarte:

Me siento invadida por los demás con mucha facilidad. Hasta mis 3 años tuve una niñera que me achuchaba demasiado, que me quería con pasión y no me dejaba ni un solo momento sola. A los 3 años sufrí un abuso sexual por parte de un señor mucho mayor que yo y aunque no lo recuerdo con imágenes nítidas ni con un orden cronológico y temporal, tengo ese abuso grabado. Mi cuerpo lo recuerda.

Mi madre me abrazaba y me despertaba por las noches para llevarme a su cama y achucharme allí, cuando yo prefería quedarme en mi cama y dormir sola y tranquila. Más adelante, ya en mi adolescencia empecé a descubrir la sexualidad. Esto fue demasiado pronto y no supe decir  NO miles de veces,  sintiendome invadida una y otra vez.

Me temo que mi expediente sexual no está limpio y es difícil de aceptar y de resolver para mi.

La invasión que recibí físicamente de todas estas personas a lo largo de gran parte de mi infancia y adolescencia, respira a través de mi piel y se despierta cuando tú me abrazas demasiado fuerte, me besas intensamente o me insistes, como si fuese un juego, a acostarnos junt@s.

Para mi no es un juego. Me disculpo si soy una aguafiestas.

Yo ahora necesito juegos suaves, llenos de mimos y cargados de tiempo, no tener prisa, no sentir solo que tocas, besas y lames mi sexo y pecho, sino que te detienes previamente en otras zonas de mi cuerpo, en el contacto piel con piel, cuerpo con cuerpo. Necesito que los besos no sean intensísimos porque siento que me quieres devorar y yo no quiero que me devores. Quiero seguir viva.

Necesito que no me agarres del cuello (aunque esto sea muy sexy para otras personas) porque cuando me besas  me siento atrapada, obligada, abusada, cómo en toda la pornografía que por desgracia he visto desde mi adolescencia. Te pido que me dejes marcar el ritmo de los besos, que me dejes tener la iniciativa para hacer el amor.

Todo esto me provoca una bolita en el pecho que se encoge y aprieta muy fuerte. Tiene una fuerza centrífuga y me hace llorar cuando leo esta carta en alto. Es mi vulnerabilidad girando a toda velocidad dentro de mi, pidiendo que me calle, que no hable, ya que si sigo hablando la vergüenza que habita en mi cabeza me va a golpear con más dureza. Sin embargo yo sigo leyéndote esta carta en voz alta, porque quiero estar contigo siendo autentica, no perfecta.

Sigo leyendo esta carta porque aunque muerta de miedo, confío en que vas a mirarme a los ojos y vas a decir que quieres seguir conociéndome. Sigo leyendo esta carta tomando el riesgo de que “todo esto” sea demasiado para ti, no lo puedas asimilar y prefieras irte de mi lado. Lo entiendo y me dolerá, ser uno mismo y contar su verdad duele y no siempre el resto del mundo va a comprender la verdad del otro. Lo se.

Esto no significa que tú no puedas decirme lo que quieres, lo que necesitas, lo que te gusta, lo que te molesta. Dímelo, ponme tus limites, dime lo que necesitas. Yo te lo estoy diciendo. Haber vivido una invasión y abuso físico y sexual de pequeña, no me hacer ser exclusivamente una flor delicada, soy delicada y además soy capaz de tender mis manos y mis oídos y escucharte a ti también, cómo estás haciendo tú conmigo ahora.

Todo esto es fuerte, es complejo. Es mi historia. Si te quedas conmigo, después de haberme escuchado, aprenderé a poner límites, a ser más concisa con mis necesidades, a pedírtelo. De tal forma que cuando te de un beso, un abrazo o te desnude y me desnude, será 100% real. Mi realidad es esta. 

Si hay algo que me pide todo mi ser, es ser REAL contigo.

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